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Para que os hagáis una idea del caudal de libros con el que trabajamos las librerías, en 2017 se publicaron 61.519 libros en papel, según los datos del informe Panorámica de la Edición Española. Es obvio que no los recibimos todos pero 61.519 novedades siguen siendo demasiadas novedades.

Ante estas cifras, que un libro encuentre su camino hacia el lector depende de muchos factores: la temática, la autoría, la trayectoria de la editorial o aspectos más formales. (El ruido que generan algunos libros suele ser un factor decisivo al que prestamos, ya sabéis, una atención relativa).

Sin hacer ruido, y muy despacio, hemos ido recibiendo cada uno de los ochos títulos que llevan el sello de Wunderkammer, una pequeña editorial que cuida tanto la forma como el fondo, y que ofrece al lector libros únicos.

El propio nombre, Wunderkammer, se refiere a aquellos gabinetes de maravillas y curiosidades que proliferaron en Europa en los siglo XVI y XII, y que fueron en algunos casos precursores de los museos. Una vez que te fijas en este sello es difícil olvidarlo, ya que tiene una formato poco común, alargado, llamado americano; las cubiertas son en tonos pastel y, además, están impresas con tipografía móvil, mientras que su línea editorial se basa en la edición de textos singulares y rarezas literarias de autores como Victor Hugo, Rubén Darío, Pierre Loti, la poeta estadounidense Lizzie Doten o la filósofa búlgara Julia Kristeva.

Detrás de este peculiar proyecto se encuentra la periodista y escritora catalana Elisabet Riera.

Con más de dos décadas de experiencia en la edición de revistas con RBA, y autora de novelas como La línea del desierto (RBA, 2011), Luz (Sexto Piso, 2017) o la biografía novelada de Anna Freud, Fresas silvestres para Miss Freud (Berenice, 2016), Riera va a cumplir dos temporadas en un oficio que considera una “carrera de fondo” y que es fruto “de la pasión por la literatura y de las ganas de arriesgar por algo minoritario, pese a lo temerario que pueda parecer eso”.

Los ocho títulos publicados hasta el momento responden a su particular universo semántico que “aunque pueda parecer dispar, está todo relacionado”. Romanticismo, malditismo, surrealismo, simbolismo, melancolía, alquimia, utopía, aventura, erotismo, dandismo… y eso sí, ninguna cortapisa con los géneros. Wunderkammer ha publicado poesía, ensayos, diarios, narración en verso y semblanzas.

Su carta de presentación en 2016 fue Lo que dicen las mesas parlantes, de Victor Hugo: un libro que recoge las veladas espiritistas que el autor francés realizaba en familia entre 1853-1855, durante parte de su exilio político en la isla de Jersey, y en las que se comunicaba con Molière, Platón, Galileo o Shakespeare.

Otras de sus primeras apuestas editoriales fueron la colección de semblanzas de los escritores preferidos de Rubén Darío, titulada Los Raros y con referencias a Poe, Verlaine, Villiers de l’Isle Adam, Leconte de Lisle o Mauclair; el Diario íntimo de Pierre Loti, oficial de la marina que a finales del siglo XIX se convirtió en un fenómeno literario, o el delirio creativo que Raymond Rousell plasmó en El doble, una narración en verso protagonizada por un actor suplente de mala fortuna, que él consideraba su obra maestra pero recibió la indiferencia total por parte de sus lectores.

Sol Negro. Depresión y melancolía, de la filósofa búlgara Julia KristevaPoemas de la vida interior de Lizzie Doten y Vida amorosa de Charles Baudelaire, de Camille Mauclair, forman parte de su catálogo reciente. Y acaba de llegar a las librerías Los bellos y los dandis, de Clare Jerrold, una crónica histórica y social de los dandis ingleses entre los siglos XVII y XIX que permanecía inédita.

El modo de llegar hasta textos tan ajenos a modas o tendencias la editora lo atribuye a “seguir muchos hilos tendidos”. Hilos son, por ejemplo, las referencias entre autores, las propuestas cada vez más activas de traductores que “son muy conocedores de los gustos de las nuevas editoriales que surgen” -es el caso de los versos de la médium y poeta estadounidense Lizzie Doten traducidos por los sevillanos Manuel Barea y Miguel Cisneros- o, incluso, “algo mágico, algo wunderkammérico, si me permitís el adjetivo”.

Es cierto que algunos autores formaban parte de mi biblioteca personal pero, por ejemplo, un día, paseando por los bouquinistas de París me encontré un ejemplar del libro de Victor Hugo en ese mismo formato americano tan alargadito, tan mono, que he usado”. ¿Cómo refrenar ese impulso? Ahora mismo, por ejemplo, está trabajando en la edición de un libro de entrevistas de un autor francés contemporáneo que en el propio prólogo alaba el libro que Hugo alumbró al calor de sus conversaciones con espíritus célebres.

Elisabet Riera explica que ha recibido el apoyo de la prensa especializada y de los libreros que, una vez que conocen el proyecto, lo apoyan y le dan visibilidad. Lo que sí reconoce que le ha sorprendido es “lo poco que se venden los libros, el goteo tan pequeño de ventas“. Tras este tiempo de trayectoria, ya sabe “a qué me puedo arriesgarLa línea editorial y el espíritu van a seguir siendo el mismo pero no descarto aventurarme a publicar autores contemporáneos, incluso alguno español”.

Desde un pequeño pueblo catalán del Alt Empordá, Riera compagina siete días a la semana su trabajo habitual con el arranque de la editorial y la propia escritura. Por eso emplea palabras como voluntad, energía y pasión, y es categórica: “Tienes que desearlo mucho, si no te rendirías”.

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